Es trágico ver personas sin sueños, es trágico ver ministerios e iglesias sin sueños. Siempre enseño que no es pecado soñar, de hecho es lo que distingue a los seres humanos de los animales; los animales no pueden soñar.

Cuando soñamos nos parecemos a Dios. Nuestro Dios tiene una profesión, su profesión es: Creador. Tenemos un Dios creativo. Albert Einstein decía que la imaginación es más importante que el conocimiento y tenía tanta razón.

Un sueño una gran oportunidad

para hacer historia

 

Cada vez que Dios te da un sueño, una visión o un propósito en esta vida es la gran oportunidad para hacer historia pero también pasarás por una osadía, por un tiempo de espera, por una utopía; así como Noé y el Arca.

Eduardo Galeano define la utopía como algo inalcanzable, similar a caminar por el horizonte que al dar dos pasos ella se aleja también dos pasos, si caminas diez pasos ella se aleja diez pasos; entonces, ¿Para qué sirve la utopía? sirve para caminar sobre ella. Esto me recuerda a Moisés sacando al pueblo de Israel de Egipto y el sueño o propósito era la tierra prometida. La osadía le llevó 40 años ¡Qué utopía! y recordemos que él no entró en la tierra prometida pero lideró a una nación e hizo historia.

 

Cuida tu comunión por que donde esté

tu comunión, nacerán tus sueños

 

El problema no es soñar, el problema es dónde está nuestra comunión. El sueño o el deseo surge donde está nuestra comunión por eso cuidemos nuestra comunión. Si nuestra comunión está en la política o en otra área de la vida, nuestro sueño estará ahí; si nuestra comunión está en Dios, nuestro sueño y deseo siempre serán de Dios como dice Salmos 37:4.

 

Nuestro sueño, una herencia

para la siguiente generación

 

Cuando nuestro sueño o nuestro deseo se cumple se vuelve un árbol de vida para ti y para otra generación, eso es lo que dice Proverbios 13:12. Es importante reflexionar sobre el árbol, un árbol crecerá, dará sombra, dará fruto y será de bendición para ti, para tu familia, para la iglesia local, para el ministerio y para tu ciudad.

Te desafío a soñar con Dios y a cuidar tu comunión con el Padre, cultiva la oración, la lectura de la Biblia, sírvele siempre y pronto Dios pondrá un sueño en ti.